Millones, de luto.
Humor: caótico; con muchos sentimientos encontrados.
Escucho:
Leo: *tiembla su labio y se humedecen sus ojos* N-nada... *sollozos*
Es el fin... *sollozo* Se acabó. Llegó el punto final a una frase que se prolongó por diez felices años. Diez mágicos años.
Ayer por la noche terminé mi lectura de Harry Potter and the Deathly Hallows, que me quise llevar tranquila esta vez. Si, ansiaba conocer todos los secretos, saber el destino de esos amados personajes y descubrir el final que Jo Rowling planeó durante todo este tiempo; pero al mismo tiempo, consciente de que este sería el último libro de Potter que leería, quise beberme cada segundo sin prisa, saboreando cada palabra, cada frase, cada coma y cada punto.
A los que están preocupados: no, no es necesario dejar de leer, no pondré spoilers aquí (eso será en otra ocasión). Sólo quise escribir un poco acerca de como me siento frente al lanzamiento de Deathly Hallows, aún cuando es más que difícil describir lo que hay en el corazón y la mente de una pottermaniaca como yo— y como millones más de personas— en estos momentos de luto.
Sip, luto. No sólo por los personajes a los que tuvimos que ver caer en esta guerra entre el bien y el mal, sino, más que otra cosa, por esa parte de magia que murió al momento en que cerraba mi libro y lo colocaba en mi repisa, junto a sus 6 hermanos, con lágrimas en los ojos.
No ha muerto toda la magia. Una gran parte se conserva, aún dormida y ansiosa por despertar, en los signos de interrogación que acompañan a las películas 6 y 7. Una parte incluso más grande, se ha incrustado en los corazones de todo aquel que orgullosamente ha agitado una bandera con el emblema de HP o el nombre de su autora, Joanne Kathleen Rowling. Y esa magia que vive en nosotros, los fans, no se extinguirá nunca porque ella, Jo, ha sabido asegurarse que Harry no abandone su lugar en nuestras mentes jamás.
Sin embargo, esa parte de la magia que residía en los misterios de los libros se ha extinguido cuando cada fan cerró su copia de Deathly Hallows al terminar de leer la última palabra.
La palabra que más quiere saltar a mi boca es "gracias". Gracias a la Sra. Rowling por compartir con nosotros este magnífico universo, por presentarnos a esos interesantes personajes y llevarnos a todos esos maravillosos lugares... Todo lo que pueda seguir diciendo, ya ha sido dicho antes y seguirá reverberando como un eco durante mucho, mucho tiempo más, porque lo que hizo esta admirable mujer no se había hecho nunca y será muy difícil que alguien la iguale (por no decir imposible).
A través de las 607 páginas de mi libro, edición de Bloomsbury para niños (portada ilustrando este post), grité emocionada, lloré desconsolada, brinqué entusiasmada, gruñí exasperada y hasta quedé en un shock sobrecogedor, asustando un poco a mis familiares al hacerlo.
Ahora, los fans de Potter que lean esto, lo entenderán y quizás para algunos (los más apasionados), les parezca débil mi reacción; mientras que la gente "normal" o los que odian al mago y su mundo, pensarán que llevo las cosas a un extremo poco saludable al ponerme a llorar la muerte de personajes ficticios o el fin de esta saga, pero cualquiera que alguna vez en su vida haya tenido una pasión o un ídolo, puede entenderlo. Los que no... algún día lo harán =)
Cambio y fuera... ¡Adiós, Harry!

